Inicio » Content » TEXTOS PARA LA VIDA MONÁSTICA CRISTIANA (23)

 

 

 

3. Reglas monásticas latinas anteriores a la Regla de san Benito
 
VII. Tercera Regla de los Padres
 
            Introducción[1]
 
«La Tercera Regla de los Padres (= 3 RP) depende de la Regla de Macario (= RMac), de la cual reproduce ocho capítulos[2]. Otros seis capítulos están relacionados con los cánones de los concilios galos del siglo VI. El capítulo nueve (castigo del monje ebrio) invoca explícitamente la enseñanza “de los cánones”, citando una prescripción del concilio de Agde (año 506); dos pasajes de este concilio se encuentran (citados) literalmente (1,1-2; y 14,1: contra los monjes que van de un monasterio a otro), al igual que la sanción final del concilio de Orléans de 533 (14,3). Los abades están subordinados a los obispos (2,4-5; 4,4), siguiendo la decisión de los concilios de Orléans de 511 y 533; el castigo del clérigo ladrón (concilio de Agde del 506, canon 5; y de Orléans del 538, canon 9) se encuentra claramente en el capítulo 13; un abad puede ser depuesto por retener una donación o una herencia (2,5), o por haber introducido una mujer en la clausura (4,1-4), sanción que recuerda las disposiciones conciliares de Orléans (año 541) y de Tours (año 567).
 
Esta regla, por tanto, es ciertamente posterior a 506 y 533, puede ser que a 538... Fue compuesta en la Galia, sin que se pueda precisar dónde, por uno de esos sínodos de abades, reunidos bajo la presidencia de un obispo, conforme lo prescribían los concilios de Orléans (511) y de Auxerre (561-605)».
 
 
            Texto[3]
 
1. 1Cuando nos habíamos reunido con nuestros hermanos en el nombre del Señor, nuestra primera decisión fue leer la regla y las instituciones de los padres de principio a fin[4]. 2En cuanto se leyeron se decidió: 3Si alguien quisiera dejar el mundo y llevar vida religiosa en el monasterio, 4se le leerá la regla al entrar y se le expondrán todos los usos del monasterio. 5Si acepta todo buenamente, entonces sea recibido dignamente por los hermanos en el monasterio. 6Si quisiera traer algún bien (material) al monasterio, sea puesto en el altar ante todos los hermanos, como lo prescribe la regla. 7Si fuera aceptada la ofrenda, no sólo del bien que trajo, sino tampoco ni de sí mismo podrá disponer desde aquel momento.
 
[11-2: concilio de Agde, prólogo; 3-5: RMac 23; 6-7: RMac 24,14]
 
 
2. 1Ningún abad podrá reclamar nada como propio para sí, 2aun cuando todas permanecen bajo la autoridad de aquél, por gracia de Dios. 3Pero si alguno, en contra de lo que está prohibido en la regla a los inferiores, se haya atrevido a retener para sí alguna cosa de la herencia de sus padres o cualquier cosa de lo donado y no lo pusiera todo en común, será reprendido por los hermanos. 4Si persistiera en su falta, póngase en conocimiento del Obispo; 5el que si, después de corregido por el Obispo ni así se enmendase, sea depuesto.
 
3. 1Pero las ropas necesarias para los hermanos, el abad debe disponer para todos, las que son convenientes a los monjes; 2no teñidas con colores variados, excepto las casullas que se deban comprar: si fueran negras, pensamos que deben usar esas.
 
[31 Concilio de Agde, Canon 20]
 
 
4. 1Para custodiar la vida (monástica) y guardarla de las trampas del diablo, pensamos prohibir, según enseña la regla, toda familiaridad con mujeres tanto parientes como extrañas en todo monasterio o granjas de los monjes, o la frecuentación de los monjes a los monasterios femeninos. 2Y tampoco que ninguna mujer se atreva a entrar en el interior del atrio de un monasterio. 3Pero si, con el parecer o permiso del abad alguna hubiera entrado al monasterio o a las celdas de los monjes, 4éste mismo abad sea depuesto del título y nombre de abad y se reconozca inferior a todos los presbíteros; 5porque el santo rebaño debe confiarse a tal abad que procure ofrecer a Dios esas ovejas sin mancha, no uno que se apresure a asociarse al diablo por relaciones familiares de toda clase.
 
[41: cf. 1 Tm 3,7; concilio de Agde, Cánones 10 y 28]
 
5. 1Recitados los matutinos[5], los hermanos vacarán en la lectura hasta la segunda hora, 2siempre que no haya una causa, que obligue a suprimir también la lectura, para hacer algo en común. 3Después de la segunda hora cada uno estará disponible para su trabajo hasta la novena hora, 4y todo lo que le sea mandado lo hará sin murmuración.
 
[51-2: RMac 10; 3-4: RMac 11,1-2; 4: cf. Flp 2,14]
 
 
6. 1Dada la señal para la hora de la oración, aquel que no abandona inmediatamente toda obra que esté por hacer -porque nada se debe anteponer a la oración-, 2sea corregido por el abad o el prepósito, 3y si no pidiera perdón postrado, sea excomulgado.
 
[61: RMac 14,1-3]
 
 
7. 1En la mesa, especialmente, nadie hablará, 2excepto el que preside y aquel que fuera interrogado.
 
[71-2: RMac 18]
 
 
8. 1Si hay que ir a buscar las cosas necesarias para el monasterio, saldrán dos o tres hermanos, 2y solamente aquellos a los que se les tiene confianza, 3no los que se entregan a la charlatanería o la gula.
 
[81-3: RMac 22]
 
 
9. 1Si alguno ha salido a cualquier lugar que sea, sin el conocimiento del abad o del prepósito, se ha abandonado a la gula o la ebriedad, 2o si enviado a la vecindad no ha vuelto al punto a la comunidad con la misión cumplida, por su volubilidad o su gula, 3cuando fuera descubierto en esta fechoría, como enseñan los cánones, (será) o bien privado de la comunión treinta días, o bien corregido a golpes de varas.
 
[93: “Como enseñan los cánones”, se refiere al concilio de Agde, Canon 41]
 
 
10. 1Si por casualidad algún hermano quisiera salir del monasterio por cualquier motivo de discordia, 2nada absolutamente se le pondrá sino un vestido ridiculísimo, 3y que se vaya el infiel fuera de la comunión.
 
[101-3: RMac 28,1-3; 3: cf. 1 Co 7,15]
 
 
11. 1También establecemos esto: que los abades deben comer en todo tiempo con los hermanos, 2porque es en ese tiempo en el que deben o reprender a los hermanos por su negligencia, o instruir con un sermón espiritual; sin una necesidad precisa no deben ausentarse.
 
 
12. 1También establecemos esto, para custodiar especialmente la fama de los hermanos: 2ningún monje cuando esté enfermo deje el monasterio para ser confiado al cuidado de sus parientes, 3porque consideramos que él se ha de manchar más con lo visto y oído del espectáculo mundano[6], que pueda llegar a curarse de la enfermedad.
 
[121-2: concilio de Agde, Canon 10; 3: concilio de Agde, Canon 39]
 
 
13. 1Si algún monje cometiera un hurto, o por decirlo mejor un sacrilegio, 2esto es lo que consideramos que se debe establecer: 3cuando es un inferior reo de tal crimen, golpeado con varas, nunca reciba el oficio clerical; 4pero si ya es clérigo cuando fuera sorprendido en esta acción, sea privado de la dignidad y del título mismo; 5después de haber cumplido la penitencia y la satisfacción por la ligereza cometida, le será suficiente para poder comulgar.
 
[131: concilio de Agde, Canon 5; 3: concilio de Agde, Canon 21; 4: concilio de Agde, Canon 5; 5: concilio de Orléans II, Canon 8; concilio de Agde, Canon 5]
 
 
14. 1Ningún abad se permita recibir un monje que cambie de un monasterio a otro, o retenerle, sin el permiso o sin el consentimiento de su abad. 2Pero si le ha sido permitido por su mismo abad pasar a otro monasterio a buscar una regla más estricta, no por empeñarse en un acto suyo de ligereza, 3por ninguna razón permitimos que le consienta salir después (de allí) por alguna circunstancia. 4Si algunos, después de esta cuidadosa decisión se atrevieran a no observar lo que está comprendido arriba, estarán destinados a ser, que lo sepan bien, reos en juicio de doble condena de la divinidad y de los hermanos.
 
[141: concilio de Agde, Canon 27; 4-5: concilio de Orléans II, Canon 21]
 
 
ACABA LA REGLA
 


[1] Traducción de la introducción escrita por el P. Vincent DESPREZ, osb en: Régles Monastiques d’Occident. IVe-VIe siècles. D’Augustin à Ferréol, Bégrolles-en-Mauges (Maine-et-Loire), Abbaye de Bellefontaine, 1980, pp. 141-142 (Vie monastique, 9). Cf. para una más amplia información: A. de VOGÜÉ, osb, art. Regula Patrum Tertia, en Dizionario degli Istituti di Perfezione, Roma, Ed. Paoline, 1983, vol. VII, cols. 1591-1592; y sobre todo, del mismo autor, la introducción a la edición de la Tercera Regla de los Padres, Sources chrétiennes n. 298, pp. 499 ss. (ver la referencia completa en la nota 3).
[2] Se dan las referencias en la traducción del texto de la 3 RP.
[3] Texto latino editado por A. de VOGÜÉ, osb: Les Règles des saints Pères, t. II, Paris, Eds. du Cerf, 1982, pp. 532-542 (Sources chrétiennes, 298). Para esta traducción se tuvo en cuenta la versión castellana de José Gerardo BERMELL FRAILE, ocso: Reglas de los Santos Padres, Zamora, Eds. Monte Casino, 2009, pp. 139 ss. (Col. Espiritualidad monástica: Fuentes y Estudios, 65).
[4] Per ordinem.
[5] Maitines.
[6] O: “entre los seculares”.