VIVIR HOY LA REGLA DE SAN BENITO (29)

Los capítulos 2 y 64 de la RB

Estos capítulos siempre han sido considerados como entre los más importantes. Conciernen en primer lugar al mismo abad. Reflejos de una experiencia de vida, ellos no pueden ser verdaderamente comprendidos sino haciendo esta experiencia, es decir la del abadiato con sus cargas, sus gozos y sus penas.

Sin embargo, no están reservados al abad. En efecto, revelan todo un “espíritu”, que debe impregnar la vida de la comunidad y las relaciones de los hermanos entre ellos. Son tanto más importantes hoy cuanto que las condiciones actuales vuelven a cada uno mucho más responsable de los otros, en relaciones más profundas de ayuda mutua espiritual. Nada vale como el mismo texto de estos capítulos, siempre releídos a la luz de la experiencia vivida por cada uno.

El capítulo segundo es muy cercano al capítulo correspondiente de la RM. Los comentaristas sin embargo, hacen notar una diferencia notable de tono. Señalando continuamente la responsabilidad del abad, la RB suprimió el texto que hacía perder al monje su propia responsabilidad desde el momento en que estaba bajo obediencia. Este cuidado de dejar intactos, en su respectivo nivel, las diferentes responsabilidades es uno de los rasgos importantes de la RB. A esto somos más sensibles hoy, y sin duda con límites más grandes que en otro tiempo[1].

El capítulo 64 es más original. Forma parte de la sección propia de la RB, debida a su autor. Allí se advierte una nota más humana, incluso más respetuosa de las personas, más evangélica. Se podría ver allí el reflejo de una mayor madurez en la experiencia de la conducta de los hombres en el sentido del Evangelio.

Se pueden subrayar algunos rasgos de este “espíritu”. En primerísimo lugar, ese sentido del discernimiento (discretio), que se vuelve una de las notas más específicas del espíritu benedictino. Es lo que el Padre de Vogüé llama el cuidado de la subjetividad, es decir de la unidad de cada persona, de que nadie sigue exactamente el mismo caminar. El cuidado del bien común no debe hacer perder jamás de vista que cada persona es un universo propio, que no puede ser sacrificado por nada. De ahí también el sentido de la “palabra” del diálogo para ayudar a cada uno a ser la luz para sí mismo. La acción sobre los otros pasa por su propia libertad. Esta carga de “advertir” es una de los más difíciles, pero también de las más importantes. Pide valentía, pero también mucho amor por el otro para que pueda alcanzar sus frutos. Pide igualmente que cada uno sea capaz de ser advertido...[2].

El capítulo 64 trata también de la sucesión del abad. Esta cuestión está ahora reglamentada por las Constituciones aprobadas por la Iglesia en el marco general de la vida religiosa. Esta última cuestión subraya bien la verdadera relación del abad y de la comunidad. Si el carisma era antes aquel del “abba” del desierto alrededor del cual se agrupaban los hermanos, esto no es más así en el cenobitismo. El carisma es el de la comunidad. Ésta confía la responsabilidad al abad, pero el carisma de la tradición propia perdura en la comunidad a través de  la sucesión de los abades.

 

Elementos bibliográficos

 

A. de VOGÜÉ, La communauté et l’abbé, DDB, 1961, cap. II

 

G. DUBOIS, «Études sur les chapitres 2 et 64 de la RB», en Séminaire pour les maîtresses de novices cisterciennes, Laval 1972.

 

A.VEILLEUX, «La théologie de l’abbatiat et ses implications liturgiques», suplemento de La vie spirituelle, 1968.

 

G. LAFONT, «L’Esprit Saint et le droit dans l’institution religieuse» suplemento de La vie spirituelle, 1967.

 

O. DU ROY, Moines aujoud’hui.

 


[1] A. de VOGÜE, La communauté et l’abbé, DDB, 1961, cap. II.

[2] En el original francés dice: «que chacun reste “avertissable”» (N.d.T.).