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Conferencia de Comunidades Monásticas del Cono Sur

TEXTOS PARA LA VIDA MONÁSTICA CRISTIANA (114)

La parábola de los obreros de la viña. Siglo XI. Evangeliario bizantino. París.

 

Dichos del monje Silvano del Monte Athos

Introducción[1]

I. “Todavía no he alcanzado la humildad”

“Padre mío, quiero ser monje. Rece para que el mundo no me retenga”[2]. El joven y temperamental paisano ruso de veintiséis años, dejaba este lacónico y significativo mensaje al gran espiritual P. Juan de Cronstad (1829-1908), antes de ingresar al Monte-Athos[3]. Y con Silvano golpeaba a las puertas del monasterio el alma del pueblo ruso, con una lúcida conciencia de pecado, su capacidad de arrepentimiento, y su fe inquebrantable en la misericordia de Dios

Los archivos del monasterio dedicado al mártir San Panteleimón el Grande[4], nos informan escuetamente acerca de él. “Padre. Silvano, monje del gran hábito. Nombre civil: Simeón Ivanovitch Antonov, campesino de la provincia de Lebedinsk, pueblo de Chovsk. Nacido en 1866. Llegó al Monte-Athos en 1892. Recibió el pequeño hábito[5] en 1896. El gran hábito[6] en 1911. Cumplió las siguientes obediencias: en el Molino de Kalamareia (propiedad del monasterio fuera del Monte-Athos), en el Antiguo Rossikon y en el Economato. Falleció el 24 de setiembre de 1938”[7].

No es cosa fácil ser canonizado en vida en un monasterio. ¡La sabia máxima que san Benito propone en su Regla: “No quieras ser tenido por santo antes de, serlo, sino sélo realmente para que lo digan con verdad” (RB 4,62), se realizó una vez más!

Un asceta venerable que convivió medio siglo con Silvano, leyendo algunos de sus escritos póstumos, recién se animó a afirmar: “Ahora me doy cuenta que el Padre Silvano alcanzó la estatura de los Santos Padres... Su muerte me ha convencido... Siempre lo aprecié... Pero cuando hablaba de la oración, y de Dios como de su propio Padre, tenía algo de atrevido y audaz... Me parecía que había perdido el temor de Dios”[8].

Es que la muerte fue para Silvano el acontecimiento más serio e importante de su vida. Pocos días antes de su fin, un discípulo le preguntaba:

Starets[9], no estará usted por morirse?

— Todavía no he alcanzado la humildad, fue su respuesta[10].

La vida de este monje no sacerdote recorre todas las etapas de la vocación cristiana radicalizada por ese Espíritu, que es el gran motor de su espiritualidad. Vida atormentada en los primeros años por situaciones límite psicológico-espirituales que, entremezclándose con hondas experiencias místicas de la presencia del Señor y su Madre, lo fueron conduciendo a la saludable compunción del corazón. Vida en que la incomprensión de sus hermanos y en especial la de algún confesor, lo pusieron al borde de la desesperación.

En cierta ocasión un monje sacerdote y consejero de la comunidad, dijo a uno de los numerosos huéspedes que venían a consultarlo:

— No comprendo cómo ustedes, universitarios, hombres sabios, visitan al Padre Silvano que es un simple campesino iletrado. ¿No hay acaso alguno más inteligente que él en el Monasterio?

— Para consultar al Padre Silvano, es necesario ser universitario, respondió el huésped con corazón dolorido[11].

Es gracias a y no a pesar de, que las pruebas y sufrimientos dócilmente aceptados en actitud orante, amor servicial y con esperanza indeclinable, van colaborando en el genuino proceso de transfiguración del aparentemente rudo Silvano. De esta gradual transformación surge diáfano y luminoso el carisma de la paternidad espiritual, en extraña y llamativa continuidad con la de su padre en la sangre. Una vez había dicho: “Nunca llegaré a ser como mi padre. Era un hombre iletrado... Pero lleno de sabiduría y dulzura[12].

Durante sus últimos años, rebosantes de calidez humana y de caridad cristiana, vivencia y palabras se tornan realidad única en este sencillo y silencioso monje. La pureza de corazón y la humildad pacificante y pacificadora, lo han convertido en uno de los grandes místicos de nuestro siglo XX. Es todo fuego. Desbordando los límites puramente históricos y geográficos, su existencia solidaria se ha apropiado, serenamente y sin estridencias, de las palabras con que el inolvidable Patriarca Atenágoras definía la vida monástica: “Es el octavo sacramento de la Iglesia; porque a través de ella, la gracia inunda al mundo entero”.

 

II. “El señor ama a todos los hombres y tiene piedad de ellos”

Esta frase de Silvano es el mejor resumen de sus escritos; es la expresión más exacta de sus más profundos sentimientos. Silvano se sentía y se sabía realmente amado y perdonado por el Señor. Tenía conciencia de sus faltas, sabía que no había sido un joven edificante, como suele decirse. Pero sintió en su vida la fuerza del perdón y el poder curativo de la gracia, que cambiaron totalmente la dirección de su existencia. Su conversión y, más tarde, su entrada al monasterio llevan la señal indeleble de su profunda experiencia de Dios: “Quien no ha conocido al Señor no puede buscarlo llorando”[13]. Dios irrumpe en su desorden y lo va conduciendo, por los caminos de la humildad y la compunción, “al amor que procede del Espíritu Santo”[14]. Este amor lo urgía a rezar siempre más por los hombres y, al mismo tiempo, lo hacía cada vez más sensible a sus propias faltas, impidiéndole deslizarse por la peligrosa pendiente del orgullo: “Mantén tu espíritu en el infierno y no desesperes jamás”[15]. Es decir, considérate como ya condenado, pero seguro de que Dios no permitirá que seas arrojado al fuego eterno. Frase audaz, pensamiento de santa penetración, fruto de una honda experiencia del Dios de Jesucristo.

 

III. “El Espíritu Santo nos hace parientes próximos de Dios”

Sintiéndose pobre y pecador. Silvano vive con especial intensidad la alegría que brota de la gracia derramada en su corazón por el Santo Espíritu. Por eso toda vez que se refiere a Él sus palabras tienen una fuerza y una calidez que sorprenden, provocando en el lector un sentimiento de perplejidad. “El Hombre no sabe verdaderamente más que lo que experimenta”[16], y Silvano -pobre campesino ruso- experimentó que la gracia del perdón renovó su corazón y le hizo sentir el parentesco que lo unía al Padre. Este nuevo fuego que abrasa todo su ser lo impulsa a enloquecer de amor por todos los hombres y particularmente por los más pobres, los pecadores. “Deseo una sola cosa: rezar por todos como por mí mismo”[17]; “rezar por los hombres es derramar la sangre”[18]. Toda su vida y su enseñanza están fundadas sobre la certeza de la presencia del Espíritu Santo que nos hace semejantes a Dios y, por lo tanto, nos regala los mismos sentimientos del Padre hacia los hombres. Para Silvano el Espíritu Santo es una presencia fuerte en el corazón del cristiano, que renueva todos sus afectos y pensamientos: “Nuestra alegría es el Espíritu Santo[19].

 

IV. Los dichos del monje Silvano

Casi todo lo que sabemos sobre Silvano se lo debemos al archimandrita Sofronio, que tuvo la oportunidad de conocerlo personalmente. Él se encargó de reunir en un volumen la vida, doctrina y escritos[20] del santo monje ruso. Son cuatrocientas cincuenta páginas de incalculable valor espiritual. Su lectura no puede dejar indiferente; muchas de las sentencias y enseñanzas de Silvano conmueven hasta las fibras más íntimas del corazón. Sin embargo, puede suceder que la gran cantidad de material que ha compilado el biógrafo impidan, a veces, valorar adecuadamente algunos dichos particularmente densos, plenos de una sabiduría espiritual y humana que mucho los asemeja a los apotegmas de los Padres del desierto. Ha sido esta motivación la que nos ha inducido a publicar una traducción, que lamentablemente no es directa del ruso, de algunos dichos del monje Silvano. Se trata de una selección que de ninguna forma pretende ser exhaustiva, sino más bien entusiasmar a otros para que se acerquen al manantial de aguas límpidas que el Señor ha querido regalarnos en este monje ortodoxo de nuestro siglo[21].

 

Icono de san Silavno, con escenas de su vida

 

TEXTO

1. Quien no ha conocido al Señor no puede buscarlo llorando[22].

2. Mantén tu espíritu en el infierno, y no desesperes jamás[23].

3. Rezar por los hombres es derramar la sangre[24].

4. Nuestro hermano es nuestra propia vida[25].

5. Cuando el espíritu está todo entero en Dios, entonces el mundo está completamente olvidado[26].

6. El Señor ama a todos los hombres y tiene piedad de ellos[27].

7. El silencio es la oración incesante y la permanencia del espíritu en Dios[28].

8. Si el alma ama a los hombres y tiene compasión de ellos, la oración no cesa jamás[29].

9. La salvación reside en la humildad de Cristo[30].

10. Toda predicación debe proceder del amor[31].

11. La verdadera libertad consiste en permanecer constantemente en Dios[32].

12. Nosotros sabemos que cuanto más grande es el amor, más grandes son los sufrimientos del alma; cuanto más total es el amor, más total es el conocimiento; cuanto más ardiente es el amor, más ferviente es la oración; cuanto más perfecto es el amor, más santa es la vida[33].

13. Creer en Dios es una cosa, conocerlo es otra[34].

14. El corazón de un ermitaño es un templo, y su espíritu un altar, porque el Señor ama habitar en el corazón y en el espíritu del hombre[35].

15. El Espíritu Santo nos hace parientes próximos de Dios[36].

16. El Señor ha amado tanto a los hombres que les ha dado el Santo Espíritu y, por el Espíritu Santo, el hombre ha llegado a ser semejante a Dios[37].

17. El hombre espiritual vuela como un águila en las alturas, su alma siente la presencia de Dios y aunque rece en las tinieblas de la noche, ve todo el universo[38].

18. Yo no deseo más que una sola cosa: rezar por todos como por mí mismo[39].

19. Humíllate y conocerás no solamente el sol, sino también a su Creador[40].

20. Cuando el alma conoce al Señor por el Espíritu Santo, entonces, de alegría, olvida el mundo entero y no se preocupa más de los conocimientos terrestres[41].

21. Allí donde no hay amor por los enemigos y los pecadores, el Espíritu del Señor está ausente[42].

22. El Señor le ha regalado al monje el amor del Espíritu Santo. Este amor llena el corazón del monje de dolor por los hombres, porque no todos marchan por el camino de la salvación[43].

23. Para llegar a ser uno con todos los hombres, según la palabra del Señor: “Que todos sean uno” (Jn 17,21) no tenemos nada que inventar: todos compartimos la misma naturaleza, por eso sería natural que nos amáramos; y la fuerza de amar es el Espíritu Santo quien la concede[44].

24. Dios nos busca y se nos manifiesta[45].

25. Él Espíritu Santo le ha enseñado a nuestra Iglesia los misterios de Dios, y ella es fuerte por su santo pensamiento y por su paciencia[46].

26. Hay muchos creyentes sobre la tierra, pero pocos son los que conocen a Dios[47].

27. Nuestra vida es simple, pero necesita de la sabiduría[48].

28. Allí donde está el Espíritu del Señor, reinará infaliblemente el humilde amor de los enemigos y la oración por el mundo[49].

29. El hombre que ha conocido al Señor y la dulzura del Espíritu Santo, llega a ser como un tonto[50].

30. El monje es un hombre que reza por el mundo entero[51].

31. El mundo subsiste gracias a la oración, pero cuando la oración se debilite, entonces el mundo perecerá[52].

32. Debemos tener un solo pensamiento: que todos se salven[53].

33. Hay una sola cosa importante: llegar a ser humilde, pues el orgullo nos impide amar[54].

34. Nuestra alegría es el Espíritu Santo[55].

35. Dios da la oración a quien ora[56].

36. Sé humilde, sé sobrio, confiésate sinceramente, y la oración te amará[57].

37. Al Espíritu Santo se lo conoce en la oración realizada con humildad[58].

38. En Dios se encuentra Su vida y Su alegría[59].

39. ¿Cómo amar sin rezar?[60].

40. El alma del que ora conoce al Espíritu Santo[61].

41. La humildad es la luz en la que nosotros podremos ver la luz[62].

42. Con el Espíritu Santo todo va bien, todo rebosa de alegría, todo es maravilloso[63].

43. Otra es la humildad de quien ha conocido el Señor por el Espíritu Santo: su conocimiento y su gusto son diferentes[64].

44. El Espíritu Santo se manifiesta en el amor[65].

45. No podemos tener paz si no pedimos con todas nuestras fuerzas al Señor que nos dé la fuerza de amar a todos los hombres[66].

46. Solamente en el Espíritu Santo el alma encuentra el reposo perfecto[67].

47. Concédeme el humilde Espíritu Santo[68].

48. La medida de nuestra sobriedad debe ser tal que después de la comida deseemos rezar[69].

49. Todo hombre que se humille será glorificado por Dios y contemplará la Gloria del Señor[70].

50. ¡Qué milagro! Por el Espíritu Santo el hombre conoce al Señor, su Creador[71].

51. El Señor es plenitud de amor[72].

52. La cosa más preciosa del mundo es conocer a Dios y alcanzar, al menos parcialmente, su voluntad[73].

53. El Señor ha dado el Espíritu Santo sobre la tierra, y aquel en quien el Espíritu Santo vive, siente que lleva el Paraíso en sí mismo[74].

54. Dios es amor insaciable[75].

55. Allí donde existe el perdón, reinan también la libertad y el amor[76].

56. El amor del Espíritu Santo regenera al hombre todo entero y le concede amar a Dios perfectamente[77].

57. Él Reino de Dios es el Espíritu Santo, y el Espíritu Santo es el mismo en el Cielo y en la tierra[78].

58. Nadie nos puede privar de la misericordia del Señor.[79]

59. El Espíritu Santo llena al hombre todo entero: alma, inteligencia y cuerpo[80].

60. El Espíritu Santo es amor y dulzura del alma, de la inteligencia y del cuerpo[81].

61. Mi alma llora por el mundo entero[82].

62. El orgullo nos hace perder la gracia y, al mismo tiempo que ella, el amor por Dios y la audacia en la oración[83].

63. Cuanto más se piensa en Dios más grande se hace la llama de amor y celo por Él[84].

64. Solamente en el Espíritu Santo el hombre llega a ser semejante a Jesucristo[85].

65. El monje es un hombre que reza y que llora por el mundo entero; en eso consiste su principal ocupación[86].

66. El Espíritu Santo le ha enseñado al monje a amar a Dios y a amar al mundo[87].

67. He aquí nuestra alegría: Dios está con nosotros y en nosotros[88].

68. Los monjes no solamente deben recurrir a Dios, sino estar constantemente en Él[89].

69. Preséntate a tu padre espiritual con fe, y recibirás el Paraíso[90].

70. En un alma humilde vive el Espíritu Santo, y Él le concede la libertad, la paz, el amor y la felicidad[91].

71. El Espíritu Santo es más dulce que todo lo que existe sobre la tierra. Es el alimento celestial; es la alegría del alma[92].

72. La humildad de Cristo es el don supremo del Espíritu Santo[93].

73. En nuestra alma se produce una gran paz cuando invocamos el santo Nombre del Señor[94].

74. Reza con simplicidad, como un niño, y el Señor escuchará tu oración[95].

75. Privado de la gracia el hombre es como un animal[96].

76. El Espíritu Santo nos enseña a amar a nuestros enemigos[97].

77. El Espíritu Santo enseña al alma a rezar por los hombres[98].

78. El Espíritu Santo enseña a amar a Dios, y el amor guarda los mandamientos[99].

79. La gracia del Espíritu Santo entra con facilidad en el alma del obediente y le da alegría y reposo[100].

80. Mi alma se encuentra pobre y sin fuerza para describir el amor del Señor[101].

 


[1] Tomado de: Cuadernos Monásticos n. 55 (1980), pp. 453-465.

[2] Archimandrita SOFRONIO, Starets Silvano (Vida - Doctrina - Escritos), Paris, Eds. Présence, 1973, p. 23. Salvo indicación en sentido opuesto cuando se anota sólo el número de página nos referimos a esta obra.

[3] La península del Monte Athos, que todavía hoy el pueblo griego llama “la Santa Montaña”, se halla situada en la región meridional de la Tracia griega. Tiene una superficie de 321 kilómetros cuadrados y está unida al continente por un istmo de 2 kilómetros. Una cadena montañosa que se eleva progresivamente desde el istmo hasta una altura de 500 a 1200 metros, constituyen el esqueleto de la península. Toda esa masa rocosa, recubierta en gran parte por bosques y tierras cultivadas, es dominada por el pico imponente del Monte Athos (2033 metros) que le da su nombre a la península. Los primeros monjes llegaron a esta península hacia el año 820 y a partir del año 961 comenzó la época de florecimiento de la Santa Montaña. En nuestros días el Monte Athos pasa por un período de declinación. Hacia 1930 la península contaba todavía con 4.858 habitantes, siendo la mayor parte monjes. En 1950 la cifra total de monjes era inferior a los 1500. Para la historia del Monte Athos ver E. AMAND DE MENDIETA, Le Mont-Athos. La presqu'ile des caloyers, Bruges, Eds. D.D.B., 1955.

[4] Según los datos más dignos de confianza San Pantaleón murió mártir durante la persecución de Diocleciano, hacia el año 305. “En Oriente se le profesa gran veneración como mártir y taumaturgo y como uno de los médicos que asistían gratuitamente a los enfermos” (A. BUTLER, Vida de los santos, México, Colliers International - John W. Clute, 1965, vol. III, pp. 195-196). Los monjes rusos se instalaron en el Monte Athos a principios del s. XI. En el año 1142 fundaron el monasterio de Xylourgou, y en el año 1169 recibieron un viejo monasterio para restaurarlo, lo dedicaron a san Pantaleón y lo transformaron en su casa principal. Tal es el origen del monasterio de los Rusos que debería jugar un papel muy importante en la segunda mitad del siglo XIX y en los veinte primeros años del siglo XX. Después de la revolución de octubre de 1917 la U.R.S.S. ya no envió más monjes, ni peregrinos ni ayuda económica a los monasterios rusos del Monte Athos. Silvano vivió en el monasterio de los Rusos y sus dependencias. Ver E. AMAND DE MENDIETA, op. cit., pp. 28. 57.

[5] Pequeño hábito es el que reciben los monjes ortodoxos cuando pronuncian Los votos monásticos que tienen carácter definitivo

[6] Gran hábito, al recibirlo los monjes renuevan sus votos monásticos pero con la obligación de vivirlos más radicalmente.

[7] P. 13.

[8] Pp. 238-239. El subrayado es nuestro.

[9] En general el término starets se utiliza en la iglesia rusa para designar un monje que, por su vida santa y su discernimiento de espíritus, puede dirigir espiritualmente a quienes lo consultan. Es un padre espiritual. Pero además en el monasterio de Silvano “los monjes subordinados, en señal de deferencia, llamaban starets al jefe del taller o servicio al que estaban afectados” (p. 456).

[10] P. 232

[11] P. 72.

[12] P. 16.

[13] P. 31.

[14] P. 416.

[15] P. 43.

[16] E. LECLERCQ, La sabiduría de un pobre, Madrid, Eds. Marova, 1969, p. 149.

[17] P. 98.

[18] P. 47.

[19] P. 271

[20] Ver nota 1.

[21] Cada dicho va precedido por un número de orden. Al final de la traducción con ese número indicamos la página en que se halla la sentencia en el libro del archimandrita Sofronio e incluimos algunas notas.

[22] P. 31.

[23] P. 43. Para una mejor comprensión de este dicho transcribimos el texto completo: “El Padre Silvano se sentó nuevamente en el taburete e, inclinando la cabeza, con el corazón dolorido, hizo esta oración: Señor, tú ves que trato de rezar con un espíritu puro, pero los demonios me lo impiden. Enséñame qué debo hacer para que no me molesten más. Y recibió esta respuesta en su alma: Los orgullosos siempre deben sufrir así por parte de los demonios. Señor, dijo Silvano, enséñame qué debo hacer para que mi alma llegue a ser humilde. Y de nuevo, en su corazón, recibió esta respuesta de Dios”... A continuación sigue el dicho que hemos traducido.

[24] P. 47.

[25] P. 47.

[26] P. 50.

[27] P. 61.

[28] P. 62.

[29] P 62 Alma tiene aquí el sentido de corazón. Ver nota a la sentencia 21 (texto que muestra con claridad que son casi sinónimos, por lo menos en el uso que les da Silvano).

[30] P. 62.

[31] P. 63.

[32] P. 64. También puede traducirse por “habitar constantemente en Dios”.

[33] Pp. 73-74. Esta afirmación de Silvano comienza con las siguientes palabras: “Nosotros no comprendemos en su plenitud el amor de la Madre de Dios, pero nosotros sabemos...” (ver p. 335).

[34] P. 83. A pesar de que en castellano esta sentencia puede sonar un poco áspera por la parquedad y poca elegancia de algunos de los vocablos utilizados, nos ha parecido mejor respetar al pie de la letra el original francés.

[35] P. 93. Este dicho va precedido de las siguientes palabras: “El Señor es glorificado en las santas iglesias, pero los monjes ermitaños lo glorifican en su corazón”. En un himno de san Efrén hallamos afirmaciones semejantes: “El que en el corazón del desierto celebra completamente solo, es una asamblea numerosa” (ver CM 35, 1975, p. 473).

[36] P. 95.

[37] P. 97.

[38] P. 97.

[39] P. 98.

[40] P. 98.

[41] P. 99.

[42] P. 101. “El Señor es el Creador misericordioso y tiene compasión de todos. El Señor tiene piedad de todos los pecadores, como una madre tiene piedad de sus hijos aunque sigan el mal camino”... A continuación sigue la sentencia que hemos traducido.

[43] P. 104.

[44] P. 104.

[45] La traducción literal es: “Dios, el primero, nos busca y se nos manifiesta” (p. 109).

[46] P. 119. El archimandrita Sofronio explica esta sentencia diciendo: “El misterio divino que la Iglesia conoce por el Espíritu Santo es el amor de Cristo. El santo pensamiento de la Iglesia es que todos se salven. Y el camino que sigue la Iglesia para alcanzar esa meta es la paciencia, es decir el sacrificio” (p. 119).

[47] P. 143. El archimandrita Sofronio señala que por conocimiento Silvano entiende “una experiencia de comunión viviente”; el conocimiento es “co-existencia, es decir comunión en la existencia” (p. 143). El subrayado es nuestro.

[48] P. 381. Al decir “nuestra vida” Silvano se refiere a la vida monástica. Hemos subrayado la palabra sabiduría, ya que se trata de la sabiduría, de la obediencia (ver p. 381).

[49] P. 159. Esta sentencia comienza con las siguientes palabras: “El Señor es humilde y bondadoso (lit.: dulce). Él ama su creatura”. Y concluye: “Si no tienes ese amor, pídelo al Señor que ha dicho: Pidan y se les dará, busquen, y encontrarán (Mt 7,7); y Él se lo concederá” (p. 159).

[50] P. 200. Literalmente debería traducirse: “Llega a ser como un insensato”. Ver 1 Co 3,18-20; GREGORIO MAGNO, Diálogos, II, Pról.: “Scienter nescius et sapienter indoctus” (refiriéndose a san Benito); III, 20 (refiriéndose a Sanctulo); san AGUSTÍN, Ep. 130, 28: “Docta ignorancia, pero docta por el Espíritu de Dios que ayuda nuestra enfermedad” (comentario a Rm 8,26). Conviene señalar que Silvano apunta en la misma dirección, como lo indica la continuación de la sentencia que hemos traducido: “Permanece inmóvil, se calla y no desea hablar; como un loco, mira el mundo, pero no lo desea y no lo ve. Y los hombres no saben que él contempla al Señor amado. El mundo es como dejado atrás y olvidado; el alma ya no quiere pensar en él, porque en él ya no encuentra más dulzura” (p. 200). Este pasaje tiene algún parecido con un texto de EVAGRIO PÓNTICO: “Feliz el espíritu que en el tiempo de la oración llega a despojarse de lo sensible” (Tratado de la oración 120).

[51] P. 215. En el Trat. de la oración, Evagrio dice: “Monje es aquel que está separado de todos y unido a todos” (124).

[52] P. 216. El archimandrita Sofronio explica que Silvano “sentía la oración por los enemigos y por el mundo todo como vida eterna, como acción divina por el alma del hombre, como gracia increada y don del Espíritu Santo. Y mientras el mundo se muestre capaz de recibir ese don, continuará existiendo” (p. 217).

[53] P. 218. En esta sentencia Silvano resume su comentario al texto de Lc 9,52-56.

[54] P. 221. Ver Verba seniorum, lib. III,126; PL 73,784C.

[55] P. 271. A esta exclamación añade Silvano: “¡Cuán dulce y bueno es! Él le testimonia al alma de su salvación” (p. 271).

[56] P. 274.

[57] P. 275. En esta sentencia Silvano hace una referencia a la búsqueda de la oración pura (ver p. 275).

[58] P. 275. “El Espíritu Santo se asemeja a una madre llena de cariño. Como una madre ama a su hijo y lo protege, así también el Espíritu Santo nos protege, nos perdona, nos cura, nos instruye, nos alegra” (p. 275). Estas palabras, que preceden al dicho que hemos traducido, son una clara demostración del amor que sentía Silvano por el Espíritu Santo.

[59] P. 277. Dicho que recuerda las palabras de san AGUSTÍN: “Nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (Confesiones I,1,1).

[60] P. 277.

[61] P. 278. Dice Silvano: “Me faltan las fuerzas para describir cómo me ama el Señor. Por el Espíritu Santo conocemos ese amor” (p. 278), y luego sigue el dicho que hemos traducido.

[62] P. 280. Esa luz es Dios (p. 280). Sentencia que se inspira en el Salmo 35 (36) “En ti está la fuente viva y tu luz nos hace ver la luz”.

[63] P. 285. “El Señor ama a los hombres, pero permite que las pruebas los golpeen. Así ellos pueden reconocer su impotencia y humillarse y, gracias a su humildad, recibir el Espíritu Santo” (p. 285). Es en este contexto que debe leerse la sentencia que hemos traducido.

[64] P. 289.

[65] P. 295. Y agrega Silvano: “Así habla la Escritura y la experiencia lo confirma” (p. 295). Al hablar de experiencia se refiere principalmente a su propia experiencia.

[66] P. 295. Explica Silvano: “El Señor sabe que si no amamos a nuestros enemigos no tendremos paz en el alma” (p. 295).

[67] P. 297. Dicho que se inspira en Mt 11,28-30. Una correcta comprensión de las expresiones de Silvano sobre el Espíritu Santo exige tomar en cuenta su confesión: “No traje al Monasterio más que mis pecados y, no sé por qué, cuando todavía era un joven novicio, el Señor me hizo el regalo de la gracia del Espíritu Santo, con tal profusión que mi alma y mi cuerpo quedaron repletos” (p. 297). Silvano habla, pues, a partir de una profunda experiencia del Espíritu Santo.

[68] P. 301. Esta exclamación está unida con las siguientes palabras: “Tú, nuestra Luz, Tú iluminas el alma porque ella te ama insaciablemente. Tú, me retiras tu gracia porque mi alma no permanece siempre en la humildad; pero Tú ves cómo sufro, y yo te pido”... (p. 301).

[69] P. 301. Dice Silvano: “Para conservar la gracia, el hombre debe ser mesurado en todo: movimientos, palabras, miradas, pensamientos y alimentos” (p. 301).

[70] P. 304. “La gracia de Dios entra con facilidad en un alma humilde y le da la paz y el reposo en Dios” (p. 304).

[71] P. 305. Dice Silvano: “El alma que ha conocido al Espíritu Santo comprenderá lo que escribo” (p. 305). Esta expresión también vale para el dicho siguiente.

[72] P. 305.

[73] P. 309. El mismo Silvano explica este dicho: “El alma que ha conocido a Dios debe abandonarse en todo a la voluntad de Dios y vivir delante de Él en el temor y en el amor” (p. 309).

[74] P. 312.

[75] P. 314.

[76] P. 315.

[77] P. 317. Sería más exacto traducir por dulzura o suavidad en vez de amor. Silvano sostiene que cuando “el alma se encuentra en la plenitud del amor divino, el mundo ya no tiene más poder sobre ella” (p. 317).

[78] P. 320. Este audaz dicho se comprende con la siguiente explicación de Silvano:

“En el Cielo todo vive por el Espíritu Santo, y sobre la tierra el Señor nos ha dado el mismo Espíritu Santo. En las iglesias, los servicios divinos se cumplen por el Espíritu Santo; en los desiertos, sobre las montañas, en las cuevas y por todas partes, los ascetas de Cristo viven por el Espíritu Santo; y si nosotros lo conservamos, estaremos libres de todas las tinieblas, y la vida eterna estará en nuestras almas desde ahora” (p. 320).

[79] P. 322. “Porque ella viene de lo alto, ella está junto a Dios” (p. 322).

[80] P. 324. Este dicho muestra cómo Silvano, fuertemente influenciado por sus lecturas patrísticas, adhiere a una concepción tripartita del hombre.

[81] P. 331.

[82] P. 339. “Bienaventurada el alma que ama a su hermano: siente en ella la presencia del Espíritu del Señor; El le da paz y alegría, y ella llora por el mundo entero” (p. 339).

[83] P. 345.

[84] P. 348. Este dicho es como un complemento de la imagen siguiente; “Cuanto más leña se echa al fuego, más calor da; con Dios ocurre lo mismo” (p. 348).

[85] P. 354. El hombre por sí mismo no puede asemejarse a Cristo, sólo por la gracia del Espíritu Santo puede alcanzar esa meta (explicación del mismo Silvano, ver p. 354).

[86] P. 370. “Algunos dicen que los monjes deben servir al mundo para no comer en vano el pan del pueblo; pero hay que comprender en qué consiste ese servicio” (p. 370).

[87] P. 371.

[88] P. 372. Sentencia inspirada en 2 Co 6,16-18.

[89] P. 377.

[90] P. 377.

[91] P. 384.

[92] P. 393. Silvano decía: “Soy abominable y merezco toda clase de castigos. Pero en lugar de castigos el Señor me ha dado el Espíritu Santo” (p. 393).

[93] P. 395. “Día y noche le pido a Dios la humildad de Cristo. Mi espíritu tiene sed de conseguirla... En la humildad de Cristo hay amor, paz, dulzura, sobriedad, obediencia, magnanimidad y todas las virtudes se reúnen en ella” (p. 395).

[94] P. 401. Texto que Silvano relaciona con Mt 14,22-33 y paralelos.

[95] P. 440.

[96] P. 442.

[97] P. 442. “El Señor nos ama sin medida, a nosotros que somos pecadores. Él le da el Espíritu Santo al hombre y, por el Espíritu Santo, el alma conoce al Señor; en Él encuentra su felicidad, ella le da gracias y lo ama. En su gran alegría sufre por el mundo entero y desea con fuerza que todos los hombres conozcan a Dios, porque el mismo Señor así lo quiere para todos. Pero, en verdad, tal compasión sólo es posible por la gracia, aún débil” (p. 442).

[98] P. 444.

[99] P. 444. La segunda parte de este dicho está inspirada en Jn 14,15-23.

[100] P. 380.

[101] P. 331.