DOMINGO 8º. Tiempo durante el año. Ciclo "A"

«No estén preocupados por su vida, qué comerán, ni por su cuerpo, con qué se vestirán. En algunos códices se ha añadido: “Ni qué beberán”. Por tanto estamos liberados de toda preocupación con respecto a lo que la naturaleza concede a todos, a lo que es común al ganado, a los animales y a los hombres. Pero se nos manda no inquietarnos respecto al alimento, porque preparamos nuestro pan con el sudor de nuestra frente. Debemos trabajar, pero debemos apartar la preocupación. Lo que dice: No estén preocupados por su vida, qué comerán, ni por su cuerpo, con qué se vestirán, hay que comprenderlo del alimento y del vestido del cuerpo. Por otra parte debemos preocuparnos siempre respecto al alimento y al vestido del espíritu.

¿No vale más la vida que el alimento y el cuerpo más que el vestido? Con otras palabras dice: el que ha otorgado lo que vale más, sin duda otorgará también lo que tiene menos valor.

Miren las aves del cielo; no siembran, ni cosechan ni recogen en graneros; y el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes más que ellas? … Hay que entender sencillamente que si la Providencia de Dios alimenta a las aves, sin que éstas deban preocuparse o angustiarse, aves que hoy existen y mañana ya no existirán, cuya alma es mortal y que después de su muerte cesarán para siempre, ¿con cuánta mayor razón los hombres a quienes se promete la eternidad, serán gobernados por la voluntad de Dios?[1]».

 


[1] San Jerónimo, Comentario sobre san Mateo, I,6,24. 34. Jerónimo nació entre 340-350 en Estridón de Dalmacia. Luego de sus estudios “profanos” abrazó la vida monástica, y más tarde, en 379, aceptó la ordenación sacerdotal. A partir del año 382 comenzó la tarea de su vida: traducir al latín la Biblia. Desde 385 se radicó definitivamente en Belén, donde permaneció hasta el fin de sus días. Falleció el 30 de septiembre de 419 o 420. La Iglesia latina lo venera por su notable tarea de traductor del texto sagrado.