LO QUE DICE SAN BENITO. UNA LECTURA DE LA REGLA (65)

Capítulo trigésimo séptimo: Los ancianos y los niños

Aunque la misma naturaleza humana mueva a ser misericordioso con estas dos edades, o sea la de los ancianos y la de los niños, la autoridad de la Regla debe, sin embargo, mirar también por ellos. Téngase siempre presente su debilidad, y en modo alguno se aplique a ellos el rigor de la Regla en lo que a alimentos se refiere, sino que se les tendrá una amable consideración, y anticiparán las horas de comida regulares (Capítulo 37, versículos 1-3).

En medio de un largo capítulo sobre los ayunos, el Maestro enumera las dispensas acordadas a los niños. Lo hace con su precisión acostumbrada, sin olvidar ni la hora de las comidas, ni las particularidades de los días de la semana, ni la diferencia de estaciones, ni el límite de edad de los niños. Estos fueron los únicos en ser considerados directamente, en cambio los ancianos reciben solo una mención al final.

Dos veces más breves que aquel reglamento, el presente capítulo no tiene ninguna de las normas concretas, dejadas a la discreción de los superiores, pero insiste en la misericordia y bondad que inspiran semejantes dispensas. A este respecto, la ley positiva no hace más que sancionar la ley natural, en la que se enraízan tales sentimientos. Al tratar la cuestión, antes incluso de fijar el horario de las comidas, el legislador muestra su solicitud: él también “adelanta” el tratamiento de los ayunos, que debería ser el lugar normal para abordar las excepciones que son objeto del presente capítulo.

En lugar de ser solamente nombrados con una palabra al terminar, los ancianos figuran aquí en el mismo rango que los niños, incluso antes que ellos. Al redactar así, Benito tal vez recuerde a los monjes de Egipto descriptos por Jerónimo, quien evocaba bellamente la común debilidad de estas dos edades (Epístola 22,35,4).

Remarquemos, para terminar, las últimas palabras del capítulo. Las “horas de comida regulares” (o canonicas, como dice en latín) nos recuerdan la movilidad de las comidas en los monjes ancianos, así como la importancia, material y espiritual, de una tal variación de la hora en que se come, pivote sobre el cual se articula la jornada.