Inicio » Content » INTRODUCCIÓN A LA LECTURA DE LOS TEXTOS DEL MONACATO CRISTIANO PRIMITIVO (siglos IV-VI) [70]

5.2.2. El monasterio de Lérins

El Monacato de Lérins. Desde Honorato hasta Cesáreo de Arlés (400-543). Lectura de algunos textos

 

II. Euquerio de Lyon

Éste también, según parece, pertenecía a la aristocracia senatorial, y se dirigió poco después del 420 a Lérins con su mujer Galla y sus dos hijos, Salonio y Verano; con un status de conversi, se establecieron en Lero (Isla Santa Margarita), a 700 metros de San Honorato.

Los hijos fueron educados por Hilario, Salviano y Vicente[1]. Euquerio se escribe con Paulino de Nola. Entre el 434-435, es nombrado obispo de Lyon, y muere entre el 449-450. Participó en el Concilio de Orange (411). A él están dedicadas las Conferencias 11-17 y 18-24 de Casiano; compuso un Epitome, perdido en su mayor parte, y difundió las obras ascéticas[2]

Euquerio formuló la «espiritualidad del desierto» de Lérins en su De laude eremi, escrito en el momento en que Hilario volvía a Lérins desde Arlés, donde Honorato lo había enviado. Es un elogio de Lérins y un tratado de «teología del desierto», siguiendo la Biblia y las cartas de Jerónimo, principalmente la carta (14) a Heliodoro[3]. Después de la introducción son presentados los dos grandes profetas bíblicos: Moisés y Elías (§ 3). Dios se encuentra en la soledad:

“Y no se creerá sin justicia que está más dispuesto a atender allí donde se lo encuentra más fácilmente (§ 4).

Es una ley general que el camino hacia la verdadera patria se abre en las moradas desérticas. Conviene que habite en una tierra inhabitable aquel que quiere ver los bienes del Señor en la tierra de los vivientes; conviene que sea huésped de la primera el que quiera ser ciudadano de la segunda (§ 16).

Los grandes momentos de la vida en el desierto son: la visión de la zarza ardiente (§ 7); el agua y el maná (§§ 11 y 16); la teofanía del Sinaí (§ 13). El desierto es el camino obligado hacia la tierra prometida (§ 16); David se refugió allí (§ 17), Elías allí fue elevado al cielo (§ 18). Juan Bautista fue llevado y predicaba allí (§ 21), Jesús moró allí (§ 22), allí multiplicó los panes (§ 24) y oró (§ 26).

En fin, el Señor mismo, nuestro Salvador, recién bautizado, es conducido al desierto por el Espíritu (...) El Espíritu Santo lo lleva al desierto, por eso mismo le dicta, lo inspira en secreto, y el desierto pasa a ser una digna sugestión del Espíritu Santo. Recién bañado en el místico río, Jesús no considera que haya nada más urgente que ir al desierto.

¡Oh gloria magnífica del desierto: el demonio, vencedor en el paraíso, es vencido en el desierto! (§§ 22-23).

De aquí que en adelante debe llamarse lugar de la oración aquel en donde Dios, orando a Dios, ha declarado y proclamado estar destinado a eso, y desde donde la oración, volviéndose humilde, penetra mejor en los cielos (§ 26).

El desierto es entonces la sede de la fe, el arca de la virtud, el santuario de la caridad, el tesoro de la piedad, el tabernáculo de la justicia (§ 28).

El desierto ofrece múltiples ventajas (§§ 31 ss.). En su seno maternal alberga a esos verdaderos ávidos de eternidad muy pródigos de lo pasajero, indiferentes al presente pero seguros de su porvenir (§ 35).

¿Dónde es mejor observada la Pascua sino en la morada eremítica? Pero observada sobre todo por las virtudes, y especialmente por la continencia -continencia, digo- que es como un desierto del corazón (§ 32)”.

Esta notable fórmula muestra bien que habitar en el desierto no es sino el primer paso en la vía del renunciamiento. San Antonio mostraba bien que el monje, liberado por el desierto de los combates que le llegaban por los sentidos exteriores, debía combatir además la «guerra del corazón»[4]. Evagrio había extendido esta idea a todas las dimensiones de la persona humana, y Euquerio tal vez ha conocido esto por Casiano o por alguna otra fuente oriental.

Podemos leer también esa expresión simplemente como el testimonio de una antropología ante todo bíblica, centrada en el corazón y no en el alma o el intelecto (mens) opuestos al cuerpo.

El último capítulo es un vibrante elogio de Lérins y de la comunidad que vive allí.

En el De contemptu mundi et saecularis philosophiae, escrito en el 430-431, invita a un pariente, Valeriano, a deshacerse de sus bienes materiales y culturales para seguir libremente a Cristo.

Sus obras exegéticas, dedicadas a sus hijos, han sido manuales muy apreciados en la Edad Media: Instructiones, a Salonio y, sobre todo, Formulae spiritalis intelligentiae, sobre el triple sentido de la Escritura, a Verano.

Hacemos notar que Casiano, presente en Marsella en el 415-416, dedica al obispo Cástor de Apt sus Instituciones, entre el 419 y 426; a Leoncio de Fréjus y al hermano Heladio, en el 426, sus Conferencias I a X, pedidas por Cástor, ya muerto; a Honorato y Euquerio sus Conferencias XI a XVIII, en el 427; a los abades de las Islas de Hyères[5], Joviniano, Minervo, Lencio y Teodoro, sus Conferencias XVIII a XXIV, en el 427, siendo Honorato obispo. Quiso introducir en Galia, adaptándola, la «regla apostólica» del monacato egipcio, insistiendo sobre la composición del oficio, la pobreza, la obediencia, el trabajo y la vida contemplativa[6].

 

III. Máximo, Vicente, Lupo y Salviano

Máximo[7]. Fausto recapitula así su retrato espiritual:

“Y ya que hemos referido más arriba cómo recorrió en forma magnífica los caminos de la perfección en esa ubicación insular, más todavía lo es la manera con la cual transfirió aquí (a Riez) la misma isla con sus instituciones. Y él, que antes había obrado como pontífice siendo abad, siguió siendo abad cuando luego fue pontífice.

Descuidando el reposo, huyendo del placer, ávido de trabajo, paciente en las injurias, impaciente en los honores, pobre en dinero, rico por su conciencia, humilde ante sus propios méritos, orgulloso respecto de los vicios, bien provisto con dones de Dios: cultivó en sí cada tipo de gracia, como si fuese la única que poseyese. Pocos hombres han cultivado cada uno una sola como él las perfeccionara todas en sí mismo: siempre realizando su obra, siempre dispuesto a la compunción, siempre ocupado y siempre disponible.

Nada le fue tan estimado como el hablar de Dios en la lectura y en los encuentros, o el hablar con Dios en la oración, el llamarlo a su corazón cara a cara como Moisés y, presente como a un Ser presente, con voz que subía de lo profundo de su corazón, apremiarlo a cumplir sus promesas. Con esa voz de su pensamiento, sus entrañas puras, enjundiosas y a la vez ya desecándose, y sus huesos quebrantados por los continuos ayunos, clamaban al unísono; se esforzaba así por triunfar sobre el inicuo perseguidor con un largo martirio”[8].

Vicente, que ocupaba un cargo civil o militar (aliquamdiu variis ac tristibus saecularis militiae turbinibus volutus), murió antes del 450 o incluso antes del 435. Había contribuido en la formación de Salonio y de Verano. Bajo el epíteto o seudónimo de «Peregrinus» compuso en el 434, para mejor distinguir la fe de las herejías, un Tractatus pro catholicae fidei antiquitate et universitate adversus profanas omniun haereticorum novitates, llamado comúnmente Commonitorium[9]. Según las últimas interpretaciones no era semipelagiano, e incluso el autor, en las Excerpta descubiertas recientemente, se muestra admirador de Agustín.

Lupo[10], nacido en el 395 en Toul, de familia aristocrática, se casó con Pinienola, hermana de Hilario, y después los dos esposos renunciaron al mundo. Lupo fue a Lérins. Cuando fue a distribuir sus bienes a Mâcon, fue proclamado obispo de Troyes. Acompañó luego a Germán a Auxerre para combatir allí el pelagianismo. Su firmeza impresionó a Attila. Murió hacia el 479.

Salviano de Marsella[11], nacido hacia el 400 en Tréveris o Colonia, tal vez en una familia aristocrática, recibió una formación esmerada. Se casó con Palladia y tuvo una hija, Auspiciola. Después los esposos vivieron como conversi en el sur de Galia, y, después de siete años, Salviano entró en Lérins. En el 429 fue ordenado sacerdote y vivió en San Víctor de Marsella. Vivía todavía en el 469-470 según Genadio (Viris Illustribus 69-70).

Rétor más que humanista, nos ha dejado un Adversus avaritiam o Ad ecclesiam, donde condena las riquezas de las Iglesias de Galia. Recomienda la limosna, más todavía, el despojamiento total de las riquezas (sobre todo el Libro III).

Su obra principal, el De gubernatione Dei, encara con optimismo la amenaza y llegada de los bárbaros. «Desolidariza el Evangelio de sus contingencias históricas» (A. Hamman), la Iglesia del poder romano. Toma la defensa de los pobres en los Libros IV y V.

 

IV. Hilario de Arlés

Nacido sin duda en el 401, de la aristocracia senatorial[12], tenía una hermana, Pinienola, que se casó con Lupo, futuro obispo de Troyes. Su Sermo de Vita Honorati muestra en él un estilista de talento, que recibió una educación esmerada. Primo de Honorato, fue conquistado por este antes del 420 y llevado a Arlés. Allí funda el «Hilarianum», pero retorna enseguida a Lérins (428-429). Designado por Honorato para sucederlo, siguió viviendo como monje. Ayunando y velando, oraba con lágrimas (§ 19), no tomaba ninguna comida sin lectura e impuso esa costumbre en su Iglesia (§ 15), trabajando con sus manos día y noche para su sustento y para ofrecer generosas limosnas (§ 11); rescataba cautivos antes de adornar la iglesia (§ 11) y en todo se ocupaba de los pobres y pequeños. Se mostró tanto pastor como asceta infatigable: hacía treinta millas a pie en la noche para celebrar la misa dominical (§ 15); predicaba con gusto cuatro horas seguidas, adaptando su lenguaje al auditorio (§§ 14-15). Presidió los concilios de Riez (439), de Orange (441) y de Vaison. Para extender el prestigio de su sede, no evitó un exceso de celo deponiendo al obispo Celedonio de Besançon y dándole un sucesor a Próculo, que consiguió, sin embargo, regresar a su sede. Su competencia fue limitada a la sola provincia de Arlés, pero no fue depuesto. Murió en el 449, a los 48 años. Hilario (o el retrato que traza Reverentius-Honorato de Marsella) es un tipo, sin duda idealizado, de obispo lerinense.

 

V. Fausto de Riez

Tal vez bretón, nació hacia el 405[13]. Monje de Lérins hacia el 425-430, pasó a ser abad cuando Máximo fue elegido obispo de Riez. Entre 449-460, como era abad y sacerdote, un conflicto de jurisdicción lo enfrentó con Teodoro, obispo de Fréjus, de donde dependía Lérins. El episodio fue dirimido por un concilio reunido en Arlés, bajo la presidencia del metropolitano Ravennio.

Los obispos perdonaron a Fausto si es que tenía culpas. El obispo no reivindicaba sino los derechos atribuidos a su sucesor Leoncio:

“Que los clérigos y los ministros del altar no sean ordenados sino por él o aquel a quien él mismo designe; no se pedirá el crisma sino a él mismo; los neófitos,si hubiese, serán confirmados por él; los clérigos extranjeros no serán admitidos sin sus instrucciones a la comunión o al ministerio.

Pero que toda la multitud laica del monasterio corresponda a la solicitud del abad, y que el obispo no reivindique nada para sí, ni se permita tomar (¿u ordenar?) ningún clérigo, salvo si se lo pide el abad”[14].

De este modo los clérigos y la práctica de los sacramentos son del dominio del obispo, la «multitud laica (...) corresponde que esté a las órdenes y libres decisiones de su propio abad, elegido por ella, siguiendo la regla que ha sido establecida por el fundador del monasterio».

Fausto sucedió en el 460 a Máximo en la sede de Riez; él mismo pronunció su panegírico[15]. En el 473-474 compuso el De gratia Dei, dirigido contra la doctrina agustiniana de la gracia. Exiliado por el godo Eurico desde el 477 al 485, murió hacia el 484-490.

Según parece, Fausto es, con Cesáreo, uno de los autores de la Collectio gallicana, de la que examinaremos más adelante las homilías a los monjes.

 

VI. Porcario

Porcario, que recibió a Cesáreo en Lérins en el 490, ha dejado sus Monita[16]. A. de Vogüé ha propuesto ver en él al redactor de la Regula Macarii[17] y ha relacionado su «estilo» con la Admonitio ad filium spiritualem[18].

 

VII. Cesáreo de Arlés, monje de Lérins

Bajo el abadiato de Porcario, Cesáreo llegó a la Isla; pasó a ser mayordomo y su rigor extremo exasperó a los hermanos. De la formación lerinense Cesáreo conservó el gusto por la vida monástica como lo atestiguan sus fundaciones masculinas y femeninas, sus numerosas obras dirigidas a vírgenes y monjes. La Regula ad virginum tiene una sección inspirada en los usos lerinenses[19].

Su Vita refiere cosas que se pueden relacionar con los usos lerinenses.

Sus Sermones a los monjes y sus Cartas a las monjas atestiguan su formación lerinense. Los últimos editores han manifestado el uso que hace de Casiano, breve pero significativo.

 


[1] ¿Vicente de Lérins? EUQUERIO DE LYON, Instructio ad Salonium, I, praef., PL 50,773.

[2] Cf. Vitae Patrum iurensium 11. El De laude eremi fue editado por K. Wotke en el CSEL 31, 1894, así como las otras obras, salvo el De contemptu mundi et saecularis philosophiae que debe leerse en PL 50,711-726. Una edición crítica más reciente del De laude eremi por S. Pricoco, Catania 1965.

[3] PL 50,701-712, y cf. nota precedente.

[4] Apotegma alfabético Antonio 11, PG 65, 77C.

[5] Nombre que reciben las dos islas de Lérins, San Honorato y Santa Margarita (N. del T.).

[6] Ver en último lugar la Initiation aux Pères de l’Église, t. iv, pp. 654-667. Nuestras pocas notas sobre las relaciones entre Casiano y Lérins serán precisadas y desarrolladas.

[7] Dinamii vita sancti Maximi episcopi reiensis, Fausti reiensis sermo sancto Maximo episcopo et abbate, rec. S. GENNARO, Catania 1966. El Sermo, figura en la Collectio gallicana como Homilia 35, ed. Gloire (CCSL 101), pp. 401-412.

[8] (FAUSTO DE RIEZ), Homilía 35,12 de la Collectio gallicana, CCSL 101, p. 410.

[9] PL 50; ed. G. Rauschen, Florilegium patristicum 5, Bonn 1906; ed. Moxon, Oxford 1915; ed. A. Jülicher 1925. Han sido encontrados extractos, ed. Madoz, en Patrologiae latinae supplementum 3,23-45; ed. Mountain, en Sacris Erudiri 18, pp. 385-405. Trad. fr. P. de Labriolle y M. Meslin, retomada en Pères dans la foi 7, 1978. Una presentación y análisis del Commonitorium y un juicio por A. Hamman, Initiation aux Pères..., iv, pp. 674-680.

[10] Ibid., pp. 704 ss. La Vita sancti Lupi (BHL 5087) es digna de crédito.

[11] Initiation aux Pères..., pp. 694-705. Le gouvernement divin, SC 179 y 220.

[12] Conocido por la Vita Hilarii de Reverencio (seudónimo de Honorato de Marsella), editada por S. Cavallin; PL 50,1249-1292.

[13] Cf. S. PRICOCO, noticia en el DECA. Las dos obras seguras de Fausto, De Spiritu Sancto y De gratia Dei, fueron editadas por A. Engelbrecht en el CSEL 21, Viena 1891.

[14] Concilia Galliae, t. II, CCSL 148, pp. 133 ss.

[15] Collectio gallicana, Homilía 35, CCSL 101, pp. 401-412.

[16] A. WILMART, Les «Monita» de l’abbé Porcaire, en «Revue Bénédictine» 26, 1909, pp. 475-480. Al final de este trabajo, en anexo, se encuentra una traducción provisoria.

[17] A. de Vogüé, introducción a las Règles des saints Pères, t. I (SC 297), pp. 343-347; ver también los Índices.

[18] A. de VOGÜÉ, Entre Basile et Benoît: «L’Admonitio ad filium spiritualem» du Pseudo-Basile, en «Regulae Benedicti Studia» 10/11, Hildesheim 1984, pp. 19-34. Aux origines de l’Admonitio, pp. 26 ss.: «Nuestra Admonitio ad filium spiritualem, puede entonces ser un nuevo testimonio del orientalismo monástico en Lérins, así también como el interés lerinense por los consejos de perfección individual al pasar del Vº al VIº siglo».

[19] CÉSAIRE D’ARLES. Oeuvres monastiques, I. Oeuvres pour les moniales, ed. A. de Vogüé, 1988; II, Oeuvres pour les moines, ed. J. Courreau y A. de Vogüé, 1944 (SC 345 y 398). Vita Sancti Caesarii, ed. B. Krusch, Monumenta Germaniae Historica Scr. Rer. Merov. III, 1896, pp. 433-501; o ed. G. Morin, S. Caesarii opera omnia, t. II, Maredsous 1942, pp. 296-345.