Singularidad femenina que abre a un nuevo tiempo: Oratio VII de San Anselmo a Santa María Virgen.
El orante busca un vínculo a través del nombre invocado, llevando a cumplimiento la fuerza que de esta invocación recibe. El sujeto pasa a ser el propio corazón, que es capaz de desear, suplicar y hacer en la debilidad de su finitud, lo que sólo hace la realidad del Amor: derribar las puertas interiores del alma al mismo tiempo que pronuncia el nombre del otro. Por la palabra orante le acontece al hombre un milagro: ser plenamente sí mismo por referencia a un Tú, lo cual no implica perder consistencia ni en el propio yo ni ser arrastrado en la corriente de la vida ajena. Un nuevo tipo de identidad surge de este trabajo de memoria que se hace capaz de confesar a María su destino y de asumir con ella la responsabilidad de la vida.
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